En la práctica asistencial de salud mental, se puede observar el incremento de pacientes adictos. En algunas ocasiones, la adicción no es el único diagnóstico: puede coexistir con otros problemas primarios de salud física o mental. En estos casos se habla de doble o múltiple diagnostico para referirse a la coexistencia de estos desórdenes.
En los últimos años, ha aumentado considerablemente la preocupación sobre el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de los pacientes con comorbilidad psiquiátrica y trastornos por abuso de drogas. Existen diversas dificultades para delimitar la comorbilidad de los trastornos mentales y el abuso de sustancias, con frecuencia los síntomas y trastornos psicológicos y neuropsicológicos se encuentran enmascarados por el abuso de drogas. Los pacientes pueden presentarse en estado de intoxicación o de abstinencia aguda o retardada, asociada a síntomas de depresión, ansiedad, psicosis y disfunción.
En la actualidad, el término diagnóstico dual se ha convertido en sinónimo de un tipo específico de comorbilidad diagnóstica, concretamente la comorbilidad de los trastornos psiquiátricos y el abuso de sustancias. A veces, establecer este diagnóstico puede ser difícil en las primeras etapas de recuperación, especialmente de las adicciones químicas, pues el cerebro está inundado químicamente y la personalidad cambia en consecuencia. Una recomendación útil, es la de esperar unos tres a seis meses para verificar una sospecha clínica de esta naturaleza.
Existen tres formas de diagnóstica dual basadas en la relación etiológica entre los síntomas psiquiátricos y abusos de sustancias:
Los desórdenes físicos coexistentes:
Existen enfermedades primarias crónicas o agudas coexistentes con la adicción. Estas enfermedades pueden o no haber sido causadas por la adicción, pero es necesario identificarlas y tratarlas. Ejemplos: HIV y síndrome de inmunodeficiencia humana, diabetes mellitus, enfermedad cardiaca e hipertensión arterial.